Venezuela y Corea del Norte, ejemplos de opresión en el siglo XXI

Venezuela necesita un proceso de paz entre el gobierno y su propio pueblo. Las personas están cansadas de los discursos políticos del presidente Nicolás Maduro y de su forma de ejercer el poder. Lo que allí está sucediendo, va a transformar a ese país, en una próxima Corea del Norte, otra nación, en donde a las personas les han quitado sus ilusiones y esperanzas.
Entre todo tipo de hechos y denuncias que se comparten por redes sociales, aparecen en estos países, miles de casos de gente luchando, resistiendo, tratos injustos y en las peores ocasiones inhumanos que se han ejercido a través del tiempo contra la población. No es invención de alguien, nadie acusa al otro sin pruebas, las barbaries que estos gobernantes cometen, han sido registrados a diario y la gente espera con ello, que la comunidad internacional solucione “algo”. ¿Seguirán esperando?

Corea del Norte es un país subyugado a un tirano, no hace falta mencionarlo ya que incluso Hollywood le ha dedicado películas por su estilo de gobierno tan incoherente en este siglo como: el desarrollo científico dedicado al factor nuclear, el bloqueo de la comunicación internacional, prohibiciones y tradiciones rigurosas, seguridad extremista que incluso lleva a que cada extranjero que entre, sea investigado y en lo posible interrogado por el gobierno para conocer sus fines, entre más cosas.

La gente no solo vive atemorizada en un país así, sino además bloqueada y sin acceso a mecanismos como el Internet o la televisión mundial, sólo conocen lo que el mismo gobierno les cuenta en sus circuitos cerrados de comunicación. Este extremo lleva a que año tras año, varias personas intenten escapar para lograr llegar a un lugar donde puedan cumplir el sueño de la libertad o para que al menos sus familiares, tengan un futuro lleno de bienestar y seguridad.

La diversidad y la esperanza es un sueño irrealizable para algunas personas que allí habitan. Nadie tiene el derecho de pensar diferente, los periodistas internacionales que se aventuran a ir allí, son juzgados e interrogados por sus contenidos, como el reciente caso del periodista Rupert Wingfielf Hayes quien apenas hace unos días fue expulsado por hacer contenidos sobre la realidad del país, algo que no le agradó en nada al gobierno coreano.

Es complejo y muchas veces imposible, vivir en naciones donde no hay la mínima preocupación por el bienestar de su pueblo, donde no existe libertad de expresión, pues la única libertad sólo obedece a la postura oficial de un gobierno, claro está independientemente del lado que sea, sea de derecha o izquierda, esto no es característico sólo de un bando o facción. Cualquiera con un poder importante, si no está preparado para tan gran responsabilidad, puede llevar a su país al caos y peor aún a la guerra.

Venezuela va por ese camino, Nicolás Maduro no es la persona adecuada para el cargo de presidente, lo ha demostrado a lo largo de sus discursos, de sus actuaciones y tristemente de sus mandatos y reformas.

Nada de lo que propuso cuando lanzó su campaña presidencial se ha realizado, su plan comprendía 12 puntos en los que defendía el bienestar del pueblo, la diversidad y el crecimiento en cultura, educación y economía de Venezuela, palabras bonitas que no llegaron nunca a materializarse.

El primero de estos puntos sostenía que su gobierno, más allá de ser popular iba a estar articulado por el pueblo, la realidad es que apenas el pueblo eligió unos representantes de la oposición, la guerra política empezó. Otro punto, el tercero en su plan, habló acerca de construir un movimiento de paz y vida, la realidad es que a diario vemos un país caído en la hambruna, en la violencia callejera, en la delincuencia común y sumiso frente a lo que Maduro ordena. El cuarto punto tocó la recuperación económica nacional, la realidad es que actualmente Venezuela muere económicamente, sus habitantes ya no consiguen productos básicos, la falta de alianzas con Estados Unidos dificulta el acceso al mercado internacional. El sexto punto nombró la lucha contra la corrupción, la realidad es que la corrupción nace dentro del propio gobierno. El octavo punto buscó estabilizar el sistema eléctrico nacional, la realidad es que el fenómeno del niño demostró la falta de preparación. Y un punto final para profundizar y tal vez el más importante, tenía la idea de crear una revolución cultural y comunicacional para fortalecer los valores de la patria, valores, que, en la realidad, han estado defendidos con sangre, muertes, violencia y militarización.

“Venezuela es una olla a presión” lo argumentaba Capriles hace poco, sin embargo, es algo que ya se sabía. Hay que tener en cuenta que muchos de los males que padece Venezuela no surgieron con Nicolás Maduro, en el anterior gobierno ya había estragos: la inflación siempre alta, el PIB en constante crecimiento, la escasez ya existía por la eliminación de alianzas internacionales por causas nacionalistas y discursos históricos sin fundamentación, entre muchas cosas más. El gobierno actual sólo aceleró los males y llevó al país a una crisis inminente que no se sabe cómo va a terminar.

Es ilógico que alguien que defienda el proceso de paz de Colombia, no defienda la paz de su país y ataque con miedo y escasez a su pueblo. Últimamente se están observando movimientos militares, pareciera que van a entrar a una guerra sin saber contra quién, tal vez tenga miedo de que, de un momento a otro, la gente intente derrocar su gobierno, cansados de tanto abuso, humillación y atraso económico en su país. Venezuela tiene que tener la fortaleza para intentar cambiar su nación, tiene que darse cuenta de que hay que construir un mejor país para sus generaciones, sino se convertirá en una Corea del norte, en una sociedad sin derecho a hablar con el mundo, que acoge el miedo, la opresión y el temor como la única alternativa para al menos vivir.

Venezuela necesita un proceso de paz entre el gobierno y su propio pueblo. Las personas están cansadas de los discursos políticos del presidente Nicolás Maduro y de su forma de ejercer el poder. Lo que allí está sucediendo, va a transformar a ese país, en una próxima Corea del Norte, otra nación, en donde a las personas les han quitado sus ilusiones y esperanzas.