Hablar de reparación, paz y víctimas en Colombia, es un tema que nos importa a todos y que nos afecta en muchos casos directamente o indirectamente. El secuestro de los periodistas demostró una vez más que, en Colombia, la libertad de prensa sigue siendo un riesgo para todo aquel que se atreva a investigar los problemas de esta nación.

Es importante que todos reflexionemos en lo que realmente significa la libertad de expresión, la libertad de prensa y por supuesto el derecho a la información que tenemos. Asimismo, es importante conocer que estos no son sólo discursos bonitos y libertarios que han salido del aire, sino que han sido declarados y dados a conocer en distintos marcos constitucionales internacionales y nacionales, los cuales promueven estos derechos con el fin de consolidar la tan anhelada democracia.

La libertad de expresión es el derecho que tenemos a expresarnos de cualquier forma, siempre y cuando no exceda o incumpla normativas o leyes constitucionales y no afecte a otras personas, en la misma línea, la libertad de prensa es el derecho a investigar, informar, u opinar sobre cualquier hecho, acontecimiento o postura, esto significa que somos libres de opinar, criticar y hablar sobre lo que queramos, de la forma y bajo los argumentos que queramos, nadie puede censurarte u obligarte a callar, ni siquiera el propio Estado.

Para que todos tengamos las garantías de estas libertades y derechos en un ambiente global, varios organismos, algunos internacionales otros nacionales han establecido estatutos, donde los declaran y los comparten, sin embargo, muchas veces quedan sólo para el conocimiento de unos pocos, y su difusión no es amplia ni variada en las edades, una vez más, la ignorancia cumple con el papel de censura global.

Desde la Declaración Universal de Derechos Humanos, en el artículo 18 y 19 donde expone las clases de libertad, el derecho al libre pensamiento, la libertad de religión, la libertad de manifestación, la libertad de expresión, la libertad de investigar, opinar y recibir información, hasta el Marco Constitucional de Colombia, en los artículos: 5, 12, 15, 20, 23, 28, 37, 40,73, 74 y 75 de la constitución de 1991, como la inviolabilidad de la correspondencia, el derecho a emitir y recibir información, la libertad personal y de reunión, la protección en el campo periodístico, el derecho de acceso a los documentos públicos, entre más, son decretos puestos a la disposición de los gobiernos para que las personas tengan claras sus libertades.

Con estos artículos constitucionales, cualquier persona y periodista tendría la garantía de ejercer su profesión tranquilamente, sin embargo, esto no sucede, desde las bombas que Pablo Escobar explotó para callar a las personas, pasando por el robo de información, el secuestro, hasta desapariciones forzadas, es más amplia la lista de los hechos que han violado estos derechos, que los actos que enaltecen las libertades de expresión.

El Estado es la pieza fundamental, tiene que comprometerse a proteger y garantizar de que nuestros derechos se cumplan, tiene que velar por la integridad de cada uno de ellos, varios son los artículos donde el gobierno tiene la obligación de proteger la información, a los periodistas y a las personas, además debe tener la mejor disposición para que éstos cumplan con la función de informar, sin buscar alteraciones, sin encubrir o censurar.

De igual manera el Estado debe tener en cuenta la inclusión de todo tipo de personas, garantizando múltiples canales de comunicación, en todas las regiones, incluso aquellas donde hay difícil acceso, para que la gente pueda, dar a conocer sus dudas, opiniones, críticas, debates en ámbitos independientes o estatales. Un gobierno que lucha contra la censura, es un Estado que da la voz y la participación a todo el país, y juzga y condena todo tipo de hechos que intenten opacar la comunicación.

CIDH reconoce la existencia de una grave conflictividad social, es decir que, en varios países latinoamericanos, existen lugares donde los periodistas pueden ser víctimas de graves consecuencias debido a un conflicto armado, asimismo argumenta que es el Estado quien tiene los recursos y la obligación para proteger a los periodistas.



Los periodistas debemos ser reparados de todos los conflictos que han existido en este país, desde leves censuras, hasta asesinatos por ocultar la verdad, entre otras cosas más como la censura de canales, programas, voces, testimonios, hechos. Tenemos que juzgar y parar a aquellas personas o grupos políticos, militares o religiosos que tienen la necesidad de ocultar la información para que sigamos en una cultura ignorante frente a diversos temas. Esto ha sido el gran problema que siempre ha existido y no ha permitido avanzar en la construcción de paz.


San Victorino y otros lugares como éste en Bogotá, han vendido por décadas productos traídos de china y otros países de libre cambio, aunque la polémica estalló hace poco por el incremento de negocios de ciudadanos chinos, el discurso de “Colombia para los colombianos” aparte de ser xenófobo, no es coherente con lo que allí se vende.
Si usted quiere ropa económica, lo más probable es que en vez de ir a una tienda de Zara en el norte de la ciudad, opte por ir a San Andresito o a San Victorino donde puede conseguir lo que quiera a precios económicos casi que impensables, en su mayoría duplicados vendidos por personas de diferentes regiones del país y extranjeros.

¿“Compro a colombiano” la misma ropa china? 

El 80% del mercado que allí se vende proviene de otros países, en su mayoría de china, allí podemos encontrar entre juguetes, calzado, ropa, joyería, miles de accesorios que la gente compra a diario, hasta duplicados de marcas originales, no originales entre miles de cosas más. ¿Entonces qué es lo colombiano allí?

Algunas personas se viven quejando del otro porque surge más, o porque tiene más oportunidades de crecimiento, tener este pensamiento es medianamente entendible debido a la cultura conformista, facilista, de ocio y bebida, en que nos encontramos, si el otro me hace tener más esfuerzo para lograr mis cosas y objetivos, trato de hacer lo posible para alejarlo y que caiga en un dos por tres, de aquí algunos discursos xenófobos, que con la polémica han surgido, porque de todas maneras, sean chinos o colombianos allí venden lo mismo. ¿Dónde está la sociedad tolerante?

Muchas veces se piensa que el otro siempre ‘me va hacer conejo’ o trampa, tal vez es porque no comprendemos su modelo económico de crecimiento, si comparamos el modelo colombiano al modelo chino encontramos que, mientras que aquí se vende por unidad con un precio medio, los chinos venden a precio bajo montones de mercancía, si aquí no abrimos ni domingos ni festivos, el modelo chino atiende 24/7 un almacén.

Envidia, competencia, a veces creo que esta pelea de comerciantes tiene más tintes xenófobos que comerciales, esta gente tiene derecho a montar sus negocios siempre y cuando estén con la reglamentación necesaria, no haya nada ilegal, asimismo hay que pensar en aquellos colombianos que en el extranjero tratan de vender sus productos, ¿les gustarían que sus hijos llegarán a un país que no les dieran las oportunidades para surgir?

El cambio empieza por uno, si usted está en contra de los chinos, en contra de su estilo de comercio, no critique al otro por ser extranjero, no haga discursos xenofóbicos, no amenace su integridad física, si duda de sus negocios, sólo llame a las autoridades necesarias para que hagan su respectivo control.

Estamos en un mundo globalizado, donde el vecino puede ser paisa, costeño, alemán, inglés, belga o chino, nosotros tuvimos la fortuna de nacer en un país rico en diversidad, pero asimismo debemos abrirles las puertas a aquellas personas del extranjero, no lo haga por usted, hágalo por los miles de colombianos que aguantan penurias fuera del país y que a veces los tratan peor.

Los chinos tienen familias que alimentar, buscan sobrevivir, su país aumenta cada vez más en población, no les queda oportunidad más allá que salir a buscar ayuda internacionalmente, si llegan a un país y son tratados mal, les cerramos la oportunidad de crear buenos negocios y además nuestra imagen frente a ese mundo diverso se esfuma. Por supuesto aquí también tenemos familias que alimentar, pero está en el esfuerzo y en la disposición de cada quien para lograrlo.

Si en algún momento los tratados que existen con china cerraran, obligarían a las personas que subsisten con la venta de estos productos y que en su gran mayoría no son ciudadanos chinos, a comprar productos originales, esto les demandaría vender más caro y su modelo económico fracasaría, sin pensarlo mucho acabaría con miles de familias que ni tendrían para ponerse algo chino.

El fin de esta discusión, no es imprimir en camisas chinas frases como “cómprele al colombiano”, lo mejor es intentar llegar a un acuerdo, si la mayoría de comerciantes quieren desplazar a esta gente, lo lógico es que el gobierno determine un lugar para que allí vendan sus productos y no afecten a nadie, donde ninguno de los dos comercios se vea arruinados, como siempre la solución está en el dialogo de ambas partes.

Hace más de dos años, el glifosato se dispersaba sin control por el aire, cayendo sobre montañas, valles y bosques de nuestro país, su objetivo, fue acabar con los cultivos ilícitos, hizo tambalear la economía ilegal, y su constante uso, afectó a las poblaciones cercanas, asimismo acabó considerablemente la fauna y flora nativa de algunos lugares.

A partir de estos problemas, se conoció el resultado de varios estudios, que en su mayoría demuestran lo que por pura ingenuidad se sabía, que su uso es perjudicial para la salud, tanto por su propagación en las afluentes hídricas, como también la contaminación en algunas verduras y frutas que se encontraban cerca de las fumigaciones, así que su uso se suspendió.

Actualmente, con el aumento de violencia y disputas en algunos lugares del país por causa de cultivos ilícitos, el Consejo Nacional de Estupefacientes aprobó de nuevo el uso del glifosato, esta vez se dispersará a nivel del terreno y con una serie de normas para que no llegue a ser un riesgo para la vida de cualquier ser. Es difícil volver a confiar en un veneno que fue detectado como agente cancerígeno, aunque sea de bajos niveles, es como convivir con un asesino que ha sido tratado para que ya no sea “tan asesino” ¿Confiaría usted en él de nuevo?

Tener los conceptos claros nos ayuda a entender las cosas de una mejor forma, el glifosato es un herbicida que ataca las enzimas de las plantas, haciendo que no puedan desarrollar ni producir aminoácidos ni nutrientes, y a falta de éstos, en pocas horas la planta se descompone y finalmente muere.

¿Qué tan seguro es el glifosato? Según algunas organizaciones como Monsanto basados en entidades como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, EAP nos explicó que este químico ataca sólo a las enzimas que están presentes en las plantas, así que no hay riesgo en los humanos de enfermarse por éste herbicida, sin embargo, años atrás el Ministerio de Salud y Greenpeace también daban a conocer algunas consecuencias de su uso prolongado, entre las cuales se encontró ; cuatro tipos de cáncer: Hepático, Páncreas, Riñón y Linfoma; y problemas crónicos vinculados a la reproducción y desarrollo de los humanos, como lo pueden llegar a ser, defectos de nacimiento y Mal de Parkinson, entre otros problemas más.

Por supuesto, a mayores palabras, mayores investigaciones y mayor preocupación frente al uso del glifosato, es por esto que el gobierno ha decidido disminuir la concentración de este, para evitar aún más problemas de salud, regulando su cantidad y propagación, por ejemplo, ahora por 1 litro de glifosato se va utilizar 39 litros de agua, algo que no supone un peligro para el país según algunos defensores del proyecto, algo que además demuestra que no se aprendió nada del pasado fenómeno del niño, que casi nos deja sin luz a falta de agua. Pero tranquilos, no hay mayor riesgo para la salud, pues no va ser la ducha de veneno con glifosato puro, que antes caía del cielo.

Como siempre, las decisiones recaen sobre diferentes sujetos y nos ponen a escoger entre lo que hay que erradicar primero y lo que no, si se permite un crecimiento de la ilegalidad y delincuencia debido a los cultivos ilícitos, o si se erradica haciendo que los habitantes de las regiones afectadas puedan llegar a enfermarse por la fumigación.

Entre las zonas con mayor presencia de cultivos ilícitos se encuentran: Meta, Bolívar, Cauca, Huila, Caquetá y Vaupés. Cultivos que van desde la siembra de Marihuana hasta de Coca. Son regiones donde hay una alta diversidad en cuanto a fauna y flora, grupos étnicos importantes, nacimientos de ríos y cultivos de todo tipo de alimentos indispensables. Espero que la tierra aguante ahora, este veneno que años y años ha afligido a estos departamentos.

Hay que mantener un equilibrio que beneficie a la sociedad, que por una parte acabe con el narcotráfico, pero que, por otra, no afecte a las personas, animales o plantas con tal de lograr ese fin. Si bien, la cantidad y distancia de fumigación con el glifosato, va ser menos en cuanto a propagación, lo mejor que podemos aportar, son alternativas que tengan 0% de probabilidad, de enfermar a quienes viven en nuestra adolorida patria, que no se salva por ninguna parte, de pagar las culpas de personas que sólo la quieren explotar.

Aprovechando que estamos en una época donde queremos la tan anhelada paz, es posible que los cultivos ilícitos empiecen a disminuir sobre el territorio colombiano. A continuación, daré algunos sencillos ejemplos que podrían remplazar el uso del glifosato en el país.

Como siempre es mejor “prevenir que curar”, en este caso, es mejor “prevenir que envenenar”, una vigilancia preventiva, ayudaría a evitar usar decisiones tan radicales después, sin embargo, esto supondría educar a todos los habitantes del país sobre las actividades económicas de cualquier tipo.

Se podrían crear campañas de eliminación manual, en vez de gastar tanta agua, tantos hombres, tanto veneno, y con esos recursos, disminuir la tasa de desempleo, dando trabajo a personas que puedan eliminar el problema de raíz o mejor, la planta de raíz.

También se podría recurrir a técnicas antiguas, si lo que se quiere hacer, es que la planta muera por falta de producción de nutrientes, que es lo que al final de cuentas el glifosato hace, entonces debemos cubrir el sol. Se podrían utilizar telas negras que taparan las plantas y luego ser reutilizadas en otros campos.

Estas soluciones son algunas cosas que he pensado, basándome en el equilibrio, ya que el bien común está, en pensar estrategias que beneficien mutuamente a la sociedad, por una parte, eliminando los campos donde los criminales ganan económicamente y por otro lado erradicando focos de inseguridad de una manera más natural, pero, sobre todo, cuidando la salud del ecosistema y de las personas.

Hace poco murió uno de los grandes escritores del país, Fernando Soto Aparicio, un gran autor colombiano, recordado por la mayoría de personas por ser el creador de grandes obras, como por ejemplo ´La rebelión de las ratas’ una de las 44 novelas que narran las distintas problemáticas que el país ha padecido, contándolas a partir de diferentes situaciones y distintos personajes.
El fallecimiento de este autor, no tuvo mayor relevancia que la de cualquier escritor que apenas es medianamente reconocido, homenajes que no pasaron más allá de publicar viejas entrevistas en portales literarios o periódicos, nombrar sus obras más reconocidas en algunos medios y hacer algunos eventos que no salieron de Boyacá, lugar donde nació. En pocos días se olvidó el asunto y a las generaciones actuales no les hicieron comprender la importancia de un escritor como él en nuestro país.

Recuerdo que cuando Gabriel García Márquez murió, las noticias no pararon en meses, contaron hasta agotar la información, mostraron todo su trabajo, se crearon por montón: afiches, portavasos, e incluso servilletas con su cara, frases que él había dicho en algún momento fueron compartidas por miles de personas en todo el mundo, por medio de las redes sociales. Inclusive actualmente aún se habla de él como si nunca hubiera partido y es referencia para todo escritor novel.

Estos grandes escritores como lo fueron Gabo y Fernando Soto Aparicio, más allá de su imagen y de sus obras más importantes, los hechos que nos contaron en todas sus publicaciones hechas desde sus primeros pasos como escritores, narran temas considerables sobre nuestra cultura en un ámbito nacional, abarcando en todo sentido, el lado humano de una sociedad llena de diversidades e ideologías.

Fernando Soto Aparicio nació en el pueblo de Socha, Boyacá, un pueblito de casas coloniales y apenas 4000 habitantes, desde muy joven se dedicó a la literatura, escribió en distintos géneros, y fue periodista como columnista de opinión, en varios periódicos importantes del país. También fue poeta, dramaturgo, guionista y profesor, entre más profesiones que tuvo a lo largo de su carrera.

Mientras el realismo que Gabriel García Márquez plasmaba en sus obras era mágico, el realismo de Fernando Soto Aparicio se basaba en el humanismo, la cotidianidad y los conflictos sociales de un país marcado con los horrores de la explotación, la violencia, la desigualdad social, la injusticia y la ignorancia entre más cosas.

En sus obras, podemos leer el objetivo claro de él de denunciar y visibilizar aquellos de los peores problemas que pueden existir, y que existen aún, en el país, por ejemplo, el tema de la explotación laboral, que es expuesto en su novela ‘La rebelión de las ratas’. En toda su carrera, en publicaciones anteriores ya estaban presentes varios temas más, en su mayoría problemas sociales. ‘Bienaventurados’, ‘Viajes al pasado’, ‘Mundo roto’, poemas y más escritos que él creó como: ‘La paz sea con nosotros’, ‘pasos en tierra´, aunque sean obras de los 80s parecen que hubieran sido hechas para estos tiempos en los cuales se habla sobre paz y solución de conflictos.

A Fernando Soto Aparicio podemos recalcar su gusto por llegar a varias audiencias, si bien tiene poemas de amor dedicados a la mujer, también tiene libros destinados a un público infantil como ‘Guacas y guacamayas’. La realidad social no es un tema de unos pocos, es un concepto que nos afecta a todos y que no discrimina, edad, sexo, educación ni religión.

Desde los 6 años, este autor ya tenía una pasión consagrada a la escritura, y una fuerte preocupación frente a lo que pasaba a su alrededor, en la sociedad. Muchos medios y personas han resaltado varias de sus obras, pero no profundizan en los trasfondos de éstas, ni en su implicación en estos tiempos, donde muchas de las situaciones que Fernando Soto Aparicio nos narró en sus libros, siguen siendo reales y se ven a diario, por ejemplo:

La Injusticia: En el cuento ‘Mientras Llueve’ la protagonista Celina es acusada de un crimen que no cometió, esta problemática la vemos a diario, las personas acusan a otros de todos sus males, el problema es el castigo que personas inocentes pueden llegar a recibir y el cual puede acabar con sus vidas.

La Violencia: En su obra ´Después empezará la madrugada’, un pueblo tranquilo y pacífico es interrumpido por un grupo de hombres, que quieren arrasarlo y quemarlo por completo, ya lo han hecho en otros pueblos y quieren comenzar otra vez. A diario los pueblos con tradiciones culturales en nuestro país, son arrasados por el conflicto armado, en muchos de estos viven personas que, por causas ajenas, dan su vida, algo muy real y que Soto nos ilustra desde esta novela.

La Sociedad y la Religión: “Proceso a un Ángel” trata sobre la quema de brujas en pleno siglo XX, nos muestra como una niña es juzgada por falsos milagros, en esta obra encontramos aspectos culturales de los pueblos muy ligados a la religión, a sus creencias, pero también al trato de los niños en esta sociedad, a su falta de cuidado y de amor por parte de sus padres.

La Vida: “Todos los ríos son el mismo mar”, es una novela, donde el autor bajo tres puntos de vista hace reflexionar al lector sobre el tema de la eutanasia, tema de debate actual e incluso global. El límite entre el amor y la muerte, los pensamientos de una sociedad que está esclavizada a preceptos antiguos. El autor nos deja en claro que la vida es un derecho y no un deber.

Estos cinco conceptos, no son sólo lo único que este autor ha tratado en todas sus obras, apenas les he traído algunos de los temas más importantes, para que al menos tenga la curiosidad de interesarse por alguna que otra obra que mencioné, pero sobre todo para que las generaciones actuales reflexionen acerca de lo que los rodea y aprendan que más allá de su jardín, existen historias como las que Francisco Soto Aparicio nos ilustró sobre Colombia. ¡No olvidemos a este gran maestro!

Vivimos en un mundo paradójico, en un país contradictorio, un lugar donde los discursos no son coherentes, donde todo sentido humano se pierde por los intereses de pocos y en donde nadie tiene segura su vida.
Mientras el Bronx en Nueva York es un condado, el cual alberga un gran número de habitantes, en donde existen varias universidades, hospitales y turismo, por el contrario, el Bronx en Colombia, es una calle, donde el sentido común es llevado por las drogas, la locura y la delincuencia.

Ver como la niñez y la juventud se pierde en el Bronx, al lado del centro político de la capital, es un hecho devastador para la sociedad, la cual ciegamente ha dejado que el problema se siga manteniendo. Este lugar no se descubrió sólo hasta ahora, se sabe de su existencia desde hace 10 años o más y nada importante allí se ha resuelto, más allá de sólo reconocer su presencia y una que otra brigada que no soluciona los problemas a largo plazo.

La calle del Bronx, que en realidad abarca cinco cuadras, es un sitio peligroso, el cual al igual que un vórtice, se expande, atrae allí todo tipo de males y personas. Es mentira que en este lugar sólo convivan indigentes, la facilidad de acceder a todo tipo de cosas ilegales ha generado que lleguen varias personas que busquen comercializar cosas ilícitas y también consumidores, como estudiantes, niños, madres con bebes sin hogar, mujeres pérdidas de todas las edades e igualmente hombres, que alguna vez fueron importantes en sus hogares, perdiendo y dejando atrás todo vestigio de humanidad y valores.

¿Cómo puede existir un sitio así, a pocas cuadras de una base militar? ¿Cómo puede estar cerca de lugares donde se decide el futuro de nuestro país?, ¿Cómo es posible que más de 200 estudiantes y en su mayoría menores de edad, vayan a fiestas en este lugar?, entre uno más analice el tema, más paradojas y hechos ilógicos se encuentran.

Hace más de 7 años, cuando presté el servicio social en el colegio con la policía, conocí la existencia de ese lugar, de el nos decían que era un sitio absorbido por el crimen, allí los ladrones ponían en venta aquellas cosas que hurtaban, que estaba a la venta todo tipo de productos, entre ellos drogas, armas e ilegalidad en general, pero que también había riesgos que no cualquiera aceptaría para aventurarse a tal lugar, como la persecución por bandas criminales, o la estafa con productos robados. ¿Quién con un mínimo sentido común iría sólo para comprar cosas que además fueron robadas, exponiendo además su vida?

Es un lugar, que es de imaginarse como la Deep Web en Internet, un sitio profundo con todo tipo de cosas, muchas veces horripilantes y macabras, un mercado negro. donde se puede conseguir cualquier material ilegal con el fin de hacer daño a la sociedad. Es indignante que luego de tanto tiempo, más de tres administraciones locales, no hayan podido solucionar lo que pasa allí, y en cambio este lugar siga creciendo en todo sentido. ¿Qué magnitud alcanzará este lugar? ¿Se convertirá con el tiempo en otro cartucho y posteriormente después en un parque?

Este tema se le escapa de las manos a cualquiera por la intimidación, la persecución, las bandas criminales que allí operan, las cuales dificultan el accionar de la ley, porque al ser un centro económico de la ilegalidad tan fuerte, el control por mantener este sitio, es de vida o muerte, desde secuestros hasta torturas a los pocos que han llegado a infiltrarse en la red que allí opera.

A diferencia del cartucho, el cual sólo era el centro de reunión de varios consumidores, este sitio es el centro de la comercialización de lo ilícito, de mafias que tienen en su poder sectores como el narcotráfico, la prostitución o la venta de armas.

El problema está llegando a las casas de las personas, por medio de las redes sociales, donde se están empezando a incitar a los menores para que vayan a estos sitios, habló de “estos” porque tristemente el Bronx no es el único, en varias ciudades en toda Colombia, existen lugares así e incluso peores, que, aunque están a los ojos de todos, siguen invisibles.

Sólo preguntas nos salen acerca de este tema, paradojas que más allá de la lógica no se pueden comprender, donde nadie se ha atrevido a mantener un control, y donde la falta de la justicia se ha visto. Mientras las administraciones sigan pasando y no solucionen este problema, nos encontraremos con más madres que van a buscar a sus hijos allí, con la única esperanza de encontrarlos al menos vivos, donde los niños que nacen luego son invitados a hacer parte de una cultura macabra y oscura de la sociedad, donde los alucinógenos son el pan para seguir muriendo toda su vida.

No creo que exista una guerra limpia, ni sucia, guerra es guerra, y la estrategia para ganar frente al otro, es aprovechar las ventajas que tienen a su disposición para demostrar su poder. Las víctimas siguen estando en el medio, no son reparadas y mucho menos nombradas como una parte fundamental y las noticias que vemos a diario, nos dejan más incertidumbres que seguridades.


Estamos en un tiempo hostil, donde los poderes políticos, líderes y dirigentes se encuentran en constante agresividad, acuerdos prematuros se firman y no existen garantías de educación, ni de seguridad. vemos un futuro muy nublado.

Te comprendo si quieres dejar todo atrás, subirte a un avión y salir del país dejando que todo siga su curso. Actualmente se habla de justicia, de paz, de resistencia civil, sin embargo, todos estos discursos quedan cortos en materia de soluciones, frente a lo que el país ha afrontado en toda su historia y sobre todo lo que la sociedad afronta en su diario vivir.

Fallidos intentos de negociar la paz, han dejado como resultado que mucha gente ya no crea en tratados, en acuerdos, en arreglos, pues han sufrido las consecuencias de estos por parte de los actores involucrados; desplazamiento forzoso, secuestro, intimidación, falsas promesas, como para nombrar algunas cosas que, a pesar de tanto discurso de paz, siguen pasando en el país y que han generado la inseguridad en distintos sitios.

Cada persona que habita esta nación, tiene un rol en la sociedad, intenta sobrevivir en un mundo que, en vez de darle seguridad, le genera más incertidumbre acerca de su futuro, el de su familia o conocidos, y a veces siente que sus representantes políticos están interesados en sólo un tema, olvidando otros problemas de mayor importancia.

Todos luchamos por tener la mejor calidad de vida, hoy en día, nos rige la supervivencia del mejor adaptado a un mundo globalizado, y aquellos que no están en este grupo, dependen enteramente de la economía informal, intentando conseguir un futuro mejor para su familia, esclavizandose en horarios laborales extensos, exponiéndose a empleos que podrían significar algún problema para la salud, siendo parte de empresas donde la explotación laboral es frecuente y diaria.

Tener incertidumbre, significa estar en un país del cual no tenemos garantía de que algo o alguien va responder por nuestras necesidades, ni por nuestra protección, nos crea miedos en aquellas cosas que pueden desestabilizarnos, obligándonos a afrontar una vida provista de lo necesario para poder estar seguros de nuestra supervivencia, encerrándonos en nosotros mismos y aceptando una vida llena de miedos y metas básicas que no nos dejan avanzar.

Saber que no tenemos nada seguro, nos genera desconfianza. Muchas personas por encontrar aquello que les permita estar estable en su vida, caen en las redes de dependencias que prometen algo más allá de la muerte y bienestares de la vida, buscando en éstas la seguridad que el gobierno no les da, el problema es que muchas de estas entidades se mueven bajo discursos de fe para fines políticos o religiosos. ¿En dónde buscamos protección, seguridad y certeza en estos tiempos de guerra y paz?

El sociólogo Zygmunt Bauman en su libro ‘En busca de la política’ ha analizado la sociedad a partir de la interacción con las personas, para conocer si somos controladores o controlados, si nos comportamos “para” hacer las cosas o “por” hacer las cosas, nos muestra, cómo la incertidumbre se ha vuelto un estilo de vida, con la cual convivimos a diario, salimos de la casa sin estar seguros de si volveremos, afrontamos exámenes públicos sin saber si nos irá bien por desconfiar de nuestro sistema académico, preferimos coger taxi a exponer nuestra integridad en un transporte masivo, estos son ejemplos de que vivimos con la inseguridad de una manera cotidiana.

Buscar la protección, la seguridad y la certeza en estos tiempos es difícil, sin embargo, está en cada uno empezar con su familia, dando ejemplo a sus hijos, creando ambientes de confianza en cualquier lugar, de está manera es posible que no sólo demostremos vivir con tolerancia, sino además estamos generando paz en nuestra sociedad, creando zonas seguras para nuestros seres queridos en un futuro, a través del respeto, la convivencia y la tolerancia.

Que triste es, que en pleno Siglo XXI, no podamos disfrutar el país de una manera completa, no podamos caminar tranquilamente de noche ni recorrer sus montañas en diversas regiones, no se pueda investigar tranquilamente sobre los miles de cosas que la historia nos dejó por miedo a ser secuestrados o desaparecidos. De todas maneras, dependemos de que se logre la paz, si no, seguiremos viviendo en un lugar donde buscamos la protección tratando de no exponernos, de no recorrer las calles de nuestra ciudad por miedo a robos, encerrándonos en nosotros mismos, buscando siempre la individualidad, intentando no estar en un sitio en el que no nos han llamado, generando desinterés en temas nacionales por ya no creer en promesas.

No estoy en contra del proceso de paz, este es un acuerdo que está buscando precisamente darnos la seguridad en este país, por supuesto, seguirán existiendo robos, criminales, bandas, pero ir mejorando de a poco esté país, es retornarles la confianza a las personas en varios ámbitos.

Actualmente vivimos en un país donde por el momento, la única certeza es la muerte, no se sabe ni cuándo ni dónde, pero sucederá. Ojalá más allá de discursos sobre resistencia civil o sobre cómo acordar la paz, podamos tener seguro nuestro diario vivir, saber que podemos caminar en una ciudad segura, libre de violencia, de cadenas que nos amarren y no nos permitan conocer este gran país, que se ha visto manchado por la sombra de la injusticia y la inseguridad, para así darles la seguridad y la certeza del bienestar a las siguientes generaciones.

Venezuela necesita un proceso de paz entre el gobierno y su propio pueblo. Las personas están cansadas de los discursos políticos del presidente Nicolás Maduro y de su forma de ejercer el poder. Lo que allí está sucediendo, va a transformar a ese país, en una próxima Corea del Norte, otra nación, en donde a las personas les han quitado sus ilusiones y esperanzas.
Entre todo tipo de hechos y denuncias que se comparten por redes sociales, aparecen en estos países, miles de casos de gente luchando, resistiendo, tratos injustos y en las peores ocasiones inhumanos que se han ejercido a través del tiempo contra la población. No es invención de alguien, nadie acusa al otro sin pruebas, las barbaries que estos gobernantes cometen, han sido registrados a diario y la gente espera con ello, que la comunidad internacional solucione “algo”. ¿Seguirán esperando?

Corea del Norte es un país subyugado a un tirano, no hace falta mencionarlo ya que incluso Hollywood le ha dedicado películas por su estilo de gobierno tan incoherente en este siglo como: el desarrollo científico dedicado al factor nuclear, el bloqueo de la comunicación internacional, prohibiciones y tradiciones rigurosas, seguridad extremista que incluso lleva a que cada extranjero que entre, sea investigado y en lo posible interrogado por el gobierno para conocer sus fines, entre más cosas.

La gente no solo vive atemorizada en un país así, sino además bloqueada y sin acceso a mecanismos como el Internet o la televisión mundial, sólo conocen lo que el mismo gobierno les cuenta en sus circuitos cerrados de comunicación. Este extremo lleva a que año tras año, varias personas intenten escapar para lograr llegar a un lugar donde puedan cumplir el sueño de la libertad o para que al menos sus familiares, tengan un futuro lleno de bienestar y seguridad.

La diversidad y la esperanza es un sueño irrealizable para algunas personas que allí habitan. Nadie tiene el derecho de pensar diferente, los periodistas internacionales que se aventuran a ir allí, son juzgados e interrogados por sus contenidos, como el reciente caso del periodista Rupert Wingfielf Hayes quien apenas hace unos días fue expulsado por hacer contenidos sobre la realidad del país, algo que no le agradó en nada al gobierno coreano.

Es complejo y muchas veces imposible, vivir en naciones donde no hay la mínima preocupación por el bienestar de su pueblo, donde no existe libertad de expresión, pues la única libertad sólo obedece a la postura oficial de un gobierno, claro está independientemente del lado que sea, sea de derecha o izquierda, esto no es característico sólo de un bando o facción. Cualquiera con un poder importante, si no está preparado para tan gran responsabilidad, puede llevar a su país al caos y peor aún a la guerra.

Venezuela va por ese camino, Nicolás Maduro no es la persona adecuada para el cargo de presidente, lo ha demostrado a lo largo de sus discursos, de sus actuaciones y tristemente de sus mandatos y reformas.

Nada de lo que propuso cuando lanzó su campaña presidencial se ha realizado, su plan comprendía 12 puntos en los que defendía el bienestar del pueblo, la diversidad y el crecimiento en cultura, educación y economía de Venezuela, palabras bonitas que no llegaron nunca a materializarse.

El primero de estos puntos sostenía que su gobierno, más allá de ser popular iba a estar articulado por el pueblo, la realidad es que apenas el pueblo eligió unos representantes de la oposición, la guerra política empezó. Otro punto, el tercero en su plan, habló acerca de construir un movimiento de paz y vida, la realidad es que a diario vemos un país caído en la hambruna, en la violencia callejera, en la delincuencia común y sumiso frente a lo que Maduro ordena. El cuarto punto tocó la recuperación económica nacional, la realidad es que actualmente Venezuela muere económicamente, sus habitantes ya no consiguen productos básicos, la falta de alianzas con Estados Unidos dificulta el acceso al mercado internacional. El sexto punto nombró la lucha contra la corrupción, la realidad es que la corrupción nace dentro del propio gobierno. El octavo punto buscó estabilizar el sistema eléctrico nacional, la realidad es que el fenómeno del niño demostró la falta de preparación. Y un punto final para profundizar y tal vez el más importante, tenía la idea de crear una revolución cultural y comunicacional para fortalecer los valores de la patria, valores, que, en la realidad, han estado defendidos con sangre, muertes, violencia y militarización.

“Venezuela es una olla a presión” lo argumentaba Capriles hace poco, sin embargo, es algo que ya se sabía. Hay que tener en cuenta que muchos de los males que padece Venezuela no surgieron con Nicolás Maduro, en el anterior gobierno ya había estragos: la inflación siempre alta, el PIB en constante crecimiento, la escasez ya existía por la eliminación de alianzas internacionales por causas nacionalistas y discursos históricos sin fundamentación, entre muchas cosas más. El gobierno actual sólo aceleró los males y llevó al país a una crisis inminente que no se sabe cómo va a terminar.

Es ilógico que alguien que defienda el proceso de paz de Colombia, no defienda la paz de su país y ataque con miedo y escasez a su pueblo. Últimamente se están observando movimientos militares, pareciera que van a entrar a una guerra sin saber contra quién, tal vez tenga miedo de que, de un momento a otro, la gente intente derrocar su gobierno, cansados de tanto abuso, humillación y atraso económico en su país. Venezuela tiene que tener la fortaleza para intentar cambiar su nación, tiene que darse cuenta de que hay que construir un mejor país para sus generaciones, sino se convertirá en una Corea del norte, en una sociedad sin derecho a hablar con el mundo, que acoge el miedo, la opresión y el temor como la única alternativa para al menos vivir.

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